Voy a ser un trader ganador!

Voy a ser un trader ganador!

septiembre 10, 2020 Relatos de trading 0

 

Llevaba en paro más de seis meses. El subsidio por desempleo había recaído al setenta por ciento y la verdad que ya estaba un poco aburrido de estar en casa. Habían sido ocho meses de Call of duty, comida chatarra, porno y cerveza.

El último trabajo de Julián había sido en una tienda telefónica de cara al público. Un par de meses trabajando seis horas diarias bastaron para hartarlo. No cerrar un par de ventas fáciles bastaron para que lo echasen. Con el despido vino el finiquito y la tan ansiada paga por desempleo.

Pero bien, ahora los gastos seguían viniendo y a sus treinta y dos años no podía dejar que la vida se le pasase ante sus ojos sin hacer nada. Debía producir, así lo obligaba la sociedad.

– ¡Juli! Baja ya está la comida. – gritó su madre desde la cocina.

Un bikini acompañado por el vaso de zumo de naranja lo esperaban amigablemente sobre la mesa.

– ¿Tú crees qué son horas de levantarte?

– ¿Qué pasa mamá? Son las dos recién.

Mamá resopló mientras encendía la tele.

Las noticias españolas no eran muy alentadoras. Casos de corrupción, gente desempleada, mentiras, desvió de la atención.

-Estos políticos se llevan siempre todo el dinero. ¿Cuándo el pueblo hará algo? – analizó Mamá.

Hacía mucho calor. Julián cogió el móvil y abrió la app de InfoCurro. Se necesitaban muchos ingenieros nucleares, biólogos, personas con don de gentes, nutricionistas, traductores, entre otras cosas. No calificaba para casi ninguno, no obstante, dejó algún curriculum seleccionado con pocas esperanzas de ser llamado.

Se tiró en la cama a bajar la comida. Realmente debía hacer algo, estaba engordando, su cuenta bancaria agonizaba, vivir de la pensión de Mamá no era de un hombre hecho y derecho. Pero ¿Qué podía hacer? ¿Vender más teléfonos? ¿Estudiar un grado superior? ¿Conquistar a una millonaria? ¿Tirarse debajo de un coche para cobrar la indemnización? No, todo eso era muy difícil que ocurriese.

Pensó en su padre; este había muerto unos siete años atrás de un cáncer fulminante. Su padre había sido todo lo contrario a él, anhelante de éxitos, proactivo, valiente. Había montado su propia empresa de productos cárnicos y a base de esfuerzo había siempre dado todo a Mamá y el. ¡Que daría por cinco minutos de charla con el! La muerte, pensó, el único problema que no tiene solución.

Se conectó al pc a deambular un rato por la web. Pensó en jugar una partida de Call of duty pero lo descartó. Googleó Trabajo desde casa. Un sinfín de páginas se detallaron a continuación.

Socio de Herbalife, descartado. Encuestas telefónicas, no estaba mal, pero por ahora no. Amazon busca personas para trabajar desde casa, muy norteamericano. Colaborador de sorteos, no puede ser ver. Invierta en bolsa con forex para principiantes, oh, ¿que será esto?

Cliqueó y se le abrió un cuadro de datos el cual rellenó. La empresa se llamaba Forexmasters y tenía un logotipo de un águila azul. Sí, ya había escuchado hablar del forex, algunos ex compañeros de la universidad habían comentado algo, era como invertir en bolsa, pero desde un pc y lo hacía uno mismo, no necesitaba al gestor del banco. Cualquiera podría saber que el mercado bursátil no era fácil y por ende no para todos, pero sin duda era un mercado que ofrecía grandes posibilidades. Su padre mismo había invertido en acciones; a él le gustaba comprar acciones de su banco Santander y en ocasiones había hecho una buena diferencia. Lo hacía como hobby, nunca de forma experta.

Al recordar a su padre le vino a la cabeza una de sus últimas conversaciones, una tarde fría caminando por el paseo marítimo.

-A mí me queda poco tiempo Julián. – había dicho.

-No digas eso, dicen que el tratamiento puede ayudarte.

-No Julián. En fin. Qué bonito es el mar ¿eh?

-Si papá.

-Mira, hagas lo que hagas en la vida, nunca lo hagas con miedo. Si encaras a una chica, si te peleas con un enemigo, si emprendes un negocio. El miedo es lo peor que hay. Quítate el miedo y todo irá bien.

Ambos habían continuado caminando mientras escuchaban el ruido de las olas.

Julián continuo con el formulario, puso sus datos de contacto y subió los documentos que le pedían: un empadronamiento y el DNI. También pedían la copia de la tarjeta por ambas caras, pero no sabía si iría a depositar dinero o no. Se limitó a mirar la página y su área personal, parecía bastante simple. Estaba a punto de cerrar cuando descubrió que podía abrir una cuenta demo gratuita con diez mil dólares.

-Ahora si me gusta más. – dijo entusiasmándose.

Descargó el software y se puso a mirar cómo funcionaba el tema. Todo tenía que ver con el gráfico el cual marcaba la oscilación de los precios, el activo y la cantidad a invertir, y, por último, la dirección, comprar o vender, para arriba o para abajo. Era más fácil que varios aspectos de la vida misma, pensó, aquí no hay matices, no hay grises, o sube o baja. Pensó por vez primera que esto podría ir con él.

Estuvo un rato comprando y vendiendo sin un sentido claro, probando más bien, y luego lo dejó de lado; recordó que tenía que ir al centro a realizar un trámite.

A la vuelta estuvo mirando un poco de futbol en la tv hasta que se hizo la medianoche. Su madre ya dormía. Volvió a la demo. Descubrió alegre que varias operaciones que había dejado abiertas estaban ahora en positivo. Su cuenta había subido casi quinientos dólares. Encendió un cigarro. Se mantuvo impasible, atento, durante un largo rato que los valores más estables eran las divisas y algunas acciones. Las materias primas y las criptomonedas se movían en rangos mucho más volátiles, esto se traducía en un menor control del usuario sobre las cotizaciones. Se fue a internet y descargó varias guías en formato pdf que trataban sobre cómo realizar un correcto análisis técnico.

-Uy. – exclamó. – Esto es peor que un Larousse.

Efectivamente. El glosario hablaba con términos que él nunca había escuchado como Fibonacci, Ichimoku, Macd, bollinger bands. Su anterior entusiasmo de disipó como las briznas del otoño. Sin embargo, esta vez iba en serio. Creo una carpeta en su escritorio y guardo los archivos cuidadosamente.

El día siguiente fue un poco más de lo mismo. Despertarse tarde, tirar curriculums infructuosamente, mirar la tele, sin embargo, cambió su hábito de jugar a los videojuegos por el de realizar operaciones en su cuenta demo. Buscó en el gráfico y aplicó algunos indicadores que había visto el anterior. Comenzó con el Fibonacci y el Macd. La geometría y formato de estos indicadores le pareció muy curioso, por lo que abrió los pdfs y se puso a “estudiar”. Leyó y leyó, y, a pesar de que se le presentó como algo realmente aburrido, logró entender que los indicadores formaban patrones dentro del grafico de la cotización; estos patrones no siempre se cumplían, pero si en un gran porcentaje de las ocasiones. Los tutoriales remarcaban enfáticamente que cualquier análisis técnico debía siempre apoyarse en el análisis fundamental, ya que eran las noticias económicas las que invitaban a los grandes capitales a comprar y vender. Entendió, además, que la única manera de controlar el riesgo era usar el límite de pérdidas en cualquier circunstancia, el no hacerlo significaba una ruina inminente. Una estrategia sólida y un comportamiento imperturbable eran obligatorios.

Ya era media noche. Salió al balcón de su dormitorio y encendió un tabaco. Las luces de la ciudad brillaban en la inmensidad de la noche, una pareja de jóvenes caminaba de la mano, un taxista insultaba a un peatón, dos ratas avanzaban en direcciones opuestas bordeando el sucio arcén de la calzada. Estaba cansado de ver cómo la gente triunfaba, tenía hijos, compraba coches nuevos. Parecían maquinas insensibles que regalaban su tiempo al dios DINERO, compraban lo que él les decía, comían lo que él les decía, decían lo que él les decía. Julián era otra máquina más, pero siempre quiso romper con los circuitos, sin embargo, desde que había abandonado la universidad solo había tenido trabajos basura, con jefes altivos y sueldos bajos. Su novia Marcela lo había abandonado hacía un año justamente por este motivo. Ella decía que Julián no tenía hambre de éxitos.

Parte 2

-Éxito- dijo entre dientes. – ¿Quién sabe qué es eso?

¿Ganar mucho dinero? ¿formar una familia? ¿Vivir muchos años? ¿ser verdaderamente libre? Pregunta constante que nunca había podido descifrar.

Por la mañana recibió una llamada. Querían concertar una entrevista, el puesto era de tele vendedor. Julián aceptó a ir por la tarde.

Hacía tiempo que no tenía entrevistas. Se afeitó, puso su mejor camisa y perfume y miró nuevamente en InfoCurro la oferta en que se había apuntado. Buscaban una persona proactiva, con don de gentes y buenas cualidades comunicativas. Joder pensó.

– ¿A dónde vas tan guapo Juli? – preguntó mamá.

-Tengo una entrevista de trabajo.

– ¡Ah, qué alegría! – exclamó.

Julián besó a su madre y se fue.

Tenía poco dinero por lo que tuvo que saltar el molinete del metro.

-Ya tengo treinta y tres años. – dijo entre dientes.

Estaba un poco nervioso pero confiado.

El edificio de oficinas era regio y bastante moderno. Tuvo que pasar un control de seguridad y dejar una identificación.

Lo recibió una chica gorda, muy alta y con gafas.

-Hola Julián. Yo soy Mariela, la gerente de recursos humanos.

-Hola. ¿Qué tal?

Mientras avanzaba hasta la oficina de Mariela, Julián observó aquella gran oficina. Unos cincuenta trabajadores, bien vestidos y de pie, gesticulaban y gritaban con entusiasmo en los teléfonos. El que sería el jefe de equipo iba de un lado para otro atendiendo la solicitud de los empleados.

Entraron en una pequeña oficina.

-Bueno Julián. Cuéntame un poco sobre ti.

-Bueno… Llevo unos meses sin trabajo. La oferta me parece interesante, creo que puedo encajar.

-Muy bien. Nosotros somos una empresa de telecomunicaciones que nos dedicamos a la venta de productos sanitarios. Llevamos más de una década líderes en el sector.

-Oh.

– ¿Qué te parece? ¿Qué podrás aportar al puesto?

Julián miró alrededor, se sentía un poco incómodo. Se rascó atrás de la oreja y respondió:

-La verdad que en sector sanitario no conozco mucho. Pero tengo experiencia en ventas y tengo muchas ganas de aprender.

-Ok.

A todo esto, la entrevistadora escribía cosas en un cuaderno sin descanso.

-Ahora Julián vamos a hacer un roll play.

-Aja.

Una gota de sudor corrió por su patilla.

-Yo haré de clienta y tú debes venderme un traje de patito.

– ¿Un traje de patito?

-Invéntatelo. No te preocupes.

Julián no supo cómo comenzar. Se levantó de la silla se disculpó y se fue. Antes de irse echo una ojeada a la oficina. ¡Todos parecían tan concentrados y deseosos de trabajar! ¿Por qué eso no pasaba con él?

A la vuelta a casa, en el metro, un poco triste otro poco aliviado tomó una decisión. Jamás trabajaría en algo que no le gustara. El tema de forex era el hueso que hoy tenía y de él no se desprendería. Prometió dedicarle cuatro horas diarias y que no descansaría hasta encontrarle la vuelta al negocio.

Al llegar a casa Mamá preguntó:

– ¿Qué tal la entrevista?

Julián no respondió y fue directo a su cuarto.

Dedicó toda la tarde a buscar información. Busco en google y en YouTube mientras abría operaciones en la demo. Se abrió unas cervezas y fue entendiendo más y más el negocio, eso sí, las opiniones y estrategias eran muy variopintas. Finalizando la jornada pudo descargar varios libros de trading y encontró el canal de Jordan Trader, el cual le pareció el más sincero y el que más se adecuaba a su forma de mirar el mercado. Jordan explicaba el scalping, como limitar las operaciones, el control psicológico de la operativa, además de publicar noticias y diferentes estrategias de inversión.

A pesar de las quejas de su madre, Julián no salió casi de su dormitorio durante las siguientes seis semanas. Bajaba a comer y regresaba a enchufarse al pc. Estudió y estudió. Abrió varias cuentas demos en diferentes brókeres y fue probando todo lo que estudió. Obviamente esas cuentas tuvieron altibajos, pero el ensayo error, una y otra vez, le fue dando el conocimiento y experiencia en todo ámbito. Finalmente vio que sus mejores resultados eran con el Fibonacci y el macd por lo cual descartó todo lo demás. Sin haber invertido un solo euro podemos decir que Julián era un experto en Mt4, indicadores y plan de trading; solo le faltaba la prueba de fuego: sacar la billetera.

La cuenta corriente no estaba muy bien. Faltaban unos días para cobrar la subvención del paro, la cual era de unos casi mil euros.

Lo voy a invertir todo, decidió, y con eso viviré de aquí en adelante.

Parte 3

La paga llegó puntual. Se conectó a la página de Forexmasters y con la tarjeta de crédito de su madre deposito los mil euros. Al momento recibió una llamada.

-Hola Julián- saludó una voz femenina.

-Hola.

-Soy Lucía López, asesora financiera de Forexmasters.

– ¡Hola! ¡Qué tal! -exclamó Julián.

-Te llamo para poder asesorarte ya que has abierto una cuenta con nosotros.

-La cuenta está abierta hace más de un mes.

-Sí, pero recién hoy le has agregado fondos.

-Correcto. Me hubiese gustado que me asesoran un poco antes. Soy totalmente inexperto. Necesito algunos tips.

-No te preocupes, a partir de ahora trabajaremos juntos. Yo llevo más de diez años de experiencia en el mercado financiero y mi trabajo consiste en ayudarte a ganar y sobretodo mantenerte al tanto de lo que ocurre día a día en los mercados.

– ¿Diez años? Pareces joven. Tienes una voz muy dulce.

-Muchas gracias. Llevo mucho tiempo ya.

– ¿Qué me puedes decir sobre la cotización del Dow jones? He visto que la media móvil está tocando el setenta. El Macd me indica un retroceso en la segunda línea del Fibonacci. ¿Qué opinas?

Lucia guardó silencio y luego respondió timoratamente:

-Sí, sí, pienso que está en tendencia alcista. – luego cambiando de tema, agregó. – nosotros hoy estamos con el eurodólar comprando y el Ibex en venta.

– ¡Ah! ¿En qué indicador te basas?

-En la tendencia.

-Sí, pero ¿con que indicadores haces el análisis?

-Julián, debo entrar en una reunión, hablamos luego. Te mandaré un correo con todos mis datos para que estemos en contacto.

-Ok, pero me gustaría preguntarte…

Julián no pudo contestar porque Lucia había cortado.

Joder pensó, no me dijo nada de lo que le pregunté. ¿Cuándo habrán estudiado para trabajar ahí? En fin, ¡vamos al lio!

Comenzó aplicando su estrategia y control de riesgo, unos volúmenes pequeños para entrar en calor. Límites de ganancia en sesenta pips y el de perdida igual. El mercado comenzó lento, pero al fin del día había generado cuarenta euros de beneficio. Solo tocó las divisas, era consiente que el capital que disponía de momento no era para grandes volatilidades.

Al día siguiente dejó la cuenta real y volvió a la demo para seguir contrastando resultados. Fueron pasando los días, el mercado se mantenía estable lo que propinó que su cuenta continuase subiendo. Sopesó la idea de subir los volúmenes, pero recordó las enseñanzas del canal de Jordan Trader y no lo hizo. “El control psicológico y de las emociones es la clave del éxito”

Y así fue que Julián alcanzó en dos meses duplicar su cuenta. Lo primero que hizo fue solicitar el retiro de mil euros para probar el sistema. Su asesora Lucia rápidamente lo llamó comentando que había una gran oportunidad de inversión en el oro. Estudió la situación y prosiguió con el retiro. Pasaron tres días.

– ¡Julián, Julián! – llamó su madre desde la cocina esa mañana.

– ¡Voy! ¿Qué pasa?

– ¿Qué es esto? Me llegó este mensaje del banco- informó acercando el móvil hacia él.

SALDO A FAVOR 1000 EUROS

-Sí, son de un proyecto nuevo que estoy realizando.

– ¿Qué proyecto? Si estas metido todo el día en tu cuarto…

-Ahora soy un trader profesional mamá.

Mamá frunció el ceño y guardó silencio unos segundos.

– ¿Y eso que es?

-Invierto en bolsa mamá.

-Ah. ¿Y qué tal va eso? – preguntó con voz cortada.

-Muy bien. Mira. Ya gané mil euros. Nunca más tendré un jefe en mi vida. Le dedico solo tres o cuatro horas al día.

Mamá miró a la foto de Papá que sonreía al lado de la tele.

-Julián. ¿Por qué no te buscas algo más estable? Algo que no te dure más de dos meses como todo.

-Nunca confías en mí mamá. Siempre lo mismo.

-No es eso Juli. Pero tú ¿inversor? No tienes mucha pinta de inversor hijo.

Julián le devolvió el móvil y se fue a su cuarto a invertir.

Han pasado ya cinco años. Julián no ha vuelto a tener jefes. Hoy en día maneja una cuenta de más de cien mil euros que le da rentabilidades superiores al tres por ciento mensual. Recibe cada día ofertas de diferentes brókeres para que otros clientes le puedan hacer un copytrade (Copiar operativa). Poco a poco va alcanzando sus metas, pero sabe y por eso triunfa, que cada día hay algo nuevo que aprender.

Ayer por noche, invitó a su madre a cenar a un restaurant con alto caché.

– ¡Qué bonito lugar Julián!

-Sí, es un poco caro, pero es bonito.

Sonaba una música suave a la distancia.

-Mamá- prosiguió Julián. – Este año me voy a casar con Julieta.

– ¡Ah! ¡Qué alegría! Ya quiero ser abuela.

-Si.

Miraron la carta.

– ¿Te acuerdas hace unos años? ¿Qué no creías en mí cuando empecé mi carrera como trader?

-Si me acuerdo. – respondió bajando la mirada.

– ¿Y ahora qué dices? ¿Eh?

-Que estaba equivocada. Perdón hijo.

Pidieron la comida y Julián se sintió orgulloso por vez primera en su vida.

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