El number one (de asesor a profesor)

El number one (de asesor a profesor)

septiembre 28, 2020 Relatos de trading Todas las categorias 0
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Jorge era un tipo bastante despierto. Como hubiese dicho su madre: “poco hay que enseñarle”. Estaba llegando a los treinta y cinco años y actualmente estaba vendiendo tarjetas de crédito vía telefónica. Sin embargo, hoy tenía una entrevista interesante. Su amigo Luis le había comentado días atrás que una empresa de inversión en bolsa estaba buscando gente. Eso de la bolsa parecía algo muy complejo, pero indudablemente movía mucho dinero y podría ser una puerta hacia el futuro.

Esa mañana desayunó un bocadillo de jamón que preparó su amigo y compañero de piso Marcos. Mientras miraban las noticias este le comentó:

– ¡Que resaca! El vino de ayer estaba cabezón.

-Uf, si- coincidió Jorge.

Las noticas comentaron una gran bajada del petróleo, el nuevo método conocido como fracking y con el cual los costes de producción se abarataban, hacía que cada día caiga entre un dos y un cinco por ciento.

-Hoy tengo una entrevista de esto. De invertir en bolsa.

-Qué bueno, suerte. A ver si ahí te pagan mejor que debemos dos meses de alquiler.

-Sí, me acuerdo.

Jorge se bañó, perfumó y puso su mejor ropa. Quería este trabajo, las condiciones y el buen ambiente de trabajo (hecho que había comentado Luis), lo invitaban a soñar con un porvenir mejor; la venta de tarjetas de crédito era verdadero un coñazo, todo el día diciendo lo mismo a personas que no querían créditos, en una oficina donde poca gente se llevaba bien entre sí. Además, el sueldo era bastante mediocre y rara vez llegaba a fin de mes. La vida de Jorge era la típica de un treintañero soltero barcelonés: salir casi todas las noches, mirar futbol y buscar incansablemente una mujer que lo pueda aguantar.

Era una tarde soleada de setiembre. Las oficinas estaban en un lugar céntrico y muy concurrido. Lo recibió una chica rubia y guapa que lo invito a pasar.

-Siéntate por aquí. – invitó indicando un sillón en la entrada.

El movimiento era el típico de un call center. Unas veinte personas, algunas sentadas y otras de pie, discutían y gesticulaban en sus respectivos pinganillos; había música y mucho alboroto. A Jorge le gustó.

A los diez minutos la chica rubia regresó.

-Ven por aquí. – invitó guiándole hasta un salón de conferencias.

En el salón lo esperaban dos tipos relativamente jóvenes con unos papeles sobre la mesa.

-Hola Jorge, bienvenido. – dijo uno de ellos tendiéndole la mano con acento extranjero.

-Hola.

-Estuvimos viendo un poco tu curriculum. – estimó el otro. – Cuéntanos unos poco tu experiencia en ventas.

-Llevo más de cinco años como vendedor.

Jorge explicó cada una de las empresas en las cuales había trabajado.

-Explícanos ahora cuáles son tus mejores cualidades.

-Soy vendedor nato. Tu dame un pintalabios con sabor a beicon y yo te lo vendo.

Los jóvenes se miraron entre sí. Parecían satisfechos.

-En todos los lugares que he trabajado siempre termino siendo el mejor.

-Pareces muy seguro de tu mismo.

-Pues sí. Vendiendo soy el mejor.

-Pues empiezas mañana.

Al salir de la oficina Jorge se sintió orgulloso. Llamó a su anterior trabajo y con gran satisfacción renunció.

Su primer día de trabajo fue muy aburrido. A pesar de correr dos calles con todas sus fuerzas llegó tarde diez minutos. Al entrar en la oficina había otros seis nuevos trabajadores que ya sacaban apuntes de la formación que les tocaba. Antonio, un tipo alto y con semblante seguro y charlatán, explicaba los horarios.

-Pasa Jorge, ponte cómodo. Como iba diciendo, nuestro horario de trabajo es de diez de la mañana hasta las diecinueve con una hora para comer. Siempre que vayan a llegar tarde, como Jorge hoy- señalándolo con la mirada-, me tienen que mandar un WhatsApp a mi teléfono. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. – exclamaron todos como borregos.

-A ver. ¿Quién sabe cómo funciona el Forex?

Luego de ver que nadie respondía Jorge se atrevió a levantar la mano.

-Se compra y vende acciones.

-Muy bien Jorge. No solo acciones, sino divisas, materias primas, índices y cryptomonedas. Nosotros somos un bróker que nos llamamos Forexmasters y llevamos más de diez años en los mercados, liderando. Su trabajo será llamar a personas que se han registrado en nuestras publicidades y lograr que activen cuenta con un mínimo de doscientos cincuenta euros. Una vez depositados este dinero, los clientes pasarán al departamento de gestión y ahí nuestros asesores se harán cargo de todo lo demás.

Jorge continúo escuchando toda la explicación atentamente. No tenía mayores misterios, tenía que vender.

-Hay una cosa que no entiendo. – comentó uno de los chicos que no parecía ser muy iluminado. – Si compran cien barriles de petróleo. ¿Nosotros se lo enviamos a su casa?

Antonio rio sonoramente.

-No, no. Trabajamos con el valor de los activos. Se trabaja con el precio. Si uno compra y sube ganará la cantidad que haya invertido en relación al volumen invertido y si baja lo pierde. Cuando vende es igual pero viceversa.

El chico asintió rascándose la nuca. Jorge creyó entenderlo.

-Vosotros chicos – prosiguió Antonio-, llamáis y le explicáis al cliente que una vez que invierta lo llamará un asesor que le enseñará y guiará a la hora de operar. Además, le daremos una bonificación del treinta por ciento de lo que inicialmente invierta.

La formación duró un par de horas más; se explicó el producto un poco más en profundidad y se realizaron algunos rollplays para entrenar un poco. Luego de esto, pasaron a la sala principal donde cada uno fue colocado al lado de un trabajador para que pudiese escuchar sus llamadas en vivo. Sonaba la música de Justien Bieber, hecho que no agradó en demasía a Jorge.

Lo pusieron junto a un chico gordito, con acento rioplatense.

-Hola. – se presentó. – Soy Lucas.

-Jorge.

– ¿Qué tal? ¿Alguna vez has vendido humo? – pregunto risueño.

-Alguna vez sí. – respondió Jorge con rapidez.

– ¿Cuándo empiezas?

-No lo sé bien. Hoy o mañana supongo.

-Ah ¿Y cómo…? Hola buenas tardes- interrumpió centrándose en la llamada que entraba. – Soy Roberto Galán y le llamo de Forexmasters. Le llamamos porque el día de ayer usted se registró en uno de nuestras publicidades.

Lucas guardó silencio unos segundos y luego continuó.

-Perfecto José. Le llamo en un par de horas.

– ¿Estaba ocupado? – adivinó Jorge.

-Si. Bueno, en fin. Se trata de venderles un poco de ilusiones a la gente. Que con nosotros ganaran mucho y les enseñaremos todo.

A Jorge le caía bien Lucas.

– ¿Y la gente gana?

-Algunos sí creo. Pero bueno, eso ya es tema del departamento de gestión. Aquí lo que sirve es vender ilusiones. Todo el mundo está aburrido de su trabajo, su vida, su matrimonio. La bolsa es como su pasaporte al éxito rápido. Luego si ganan o pierdes ya no es tu problema.

-Entiendo.

Jorge logró escuchar algunas conversaciones de las cuales pudo sacar varios apuntes mentales.

Cuando estaba por terminar su turno Antonio se acercó.

– ¿Qué tal Jorge?

-Bien. Con ganas de empezar.

-Perfecto, mañana ya comienzan todos. Ya puedes irte. Mañana puntual.

Se dieron la mano y Jorge se fue de la oficina.

En casa estaba Marcos tomando una copa de vino. Le ofreció un vaso.

– ¿Qué tal? ¿Serás el próximo Goldman Sachs?

-Seré el mejor. – dijo bebiendo un sorbo. – Es una venta relativamente fácil. Todos queremos ganar dinero.

Era una noche serena. Miraron un poco de futbol, conversaron sobre el sexo femenino y se fueron a dormir.

A pesar de sus esfuerzos llegó cinco minutos tarde. Antonio le echo una mirada furibunda.

-Perdón, el metro se atrasó.

Antes de empezar repasaron algunos puntos. Todo parecía claro. Repartieron un par de pinganillos para cada uno y acompañaron hasta sus cubículos.

Jorge sintió unos nervios pasajeros, pero rápidamente se esfumaron. Se sentía confiado.

Tenía un speech sobre la mesa con su nuevo nombre: Benito Lorca.

– ¡Antonio! – llamó. – ¿No hay otro nombre disponible?

-Hazme dos ventas hoy y te llamarás como quieras. ¿De acuerdo?

Jorge fue a responder, pero Antonio ya estaba pendiente de otra chica nueva que no le funcionaba el monitor.

Tomó aire y se puso en disponible.

Alguien atendió. En el monitor salía el nombre Luciano Machado y un cero punto cero euros.

-Hola buenas tardes. – comenzó Jorge. – Mi nombre es Benito y le llamó de Forexmasters.

-Hola. ¿Qué tal? – respondió el posible cliente.

-Pregunto por Luciano.

-Sí, soy yo. Ayer me registré. Cuéntame un poco de que se trata.

-Perfecto Luciano. ¿Tienes experiencia en esto?

-No. Cero patatero.

Jorge buscó en el speech.

-Nosotros somos una plataforma de inversiones online regulada en donde usted podrá invertir en acciones, materias primas, divisas y criptomonedas. Una vez que usted haga el primer deposito, le asignaremos un asesor que durante los primeros días le ensañará cómo funciona el mercado y el sistema y luego le acompañará en toda la gestión, llamándole siempre que haya una buena oportunidad de inversión.

– ¿Y cuánto es el mínimo?

-El mínimo de inversión son doscientos cincuenta euros. Con lo cual le daríamos un bono del treinta por ciento.

-Bueno déjame pensarlo y te llamo.

-Pero Luciano. ¿Cuándo puedo volver a llamarte?

-Estoy un poco ocupado. Yo te aviso- dijo cortando.

¿Cómo iba a avisarle si no le había dado teléfono ni email?

-Su puta madre. – murmuró.

No se sentía a gusto con ese speech. Llamó a Antonio.

-Oye hombre. ¿Tengo que decir esto? – preguntó señalando la hoja de papel. – ¿o puedo inventar uno?

-Tú tienes que vender. Mientras no le mientas al cliente todo vale. El speech es solo una orientación.

-De acuerdo.

– ¡Ánimo!

Se levantó para ir al lavabo y lavarse la cara. Al regresar rompió la hoja con el speech.

Entró una llamada.

-Hola buenas tardes. Con Alejandro Martínez.

-Si soy yo.

-Te llamo de Forexmasters Alejandro. Hoy dejaste tus datos, estás interesado en volverte inversor y ganar dinero ¿Verdad?

-Sí, quería saber cómo funciona.

-Es muy fácil. Nosotros, una vez que comiences te asignaremos un asesor que primero te enseñará durante el tiempo que tu necesites. Una vez que estés enterado comenzaras a invertir junto a él. Te va a llamar cada vez que haya una posibilidad de inversión para comentarla y que tú la aproveches. Como por ejemplo hoy, estamos metiéndole fuerte al petróleo. Seguro has escuchado en las noticias la gran caída del petróleo.

-Sí, es verdad.

-Pues bueno, en este caso el asesor te llama, tu entras en tu cuenta, abres la operación y ganas dinero. Es muy fácil la verdad. Estamos esperando ahora que haya un pelotazo con el bitcoin.

– ¿El bitcoin? – la voz del interlocutor parecía entusiasmarse de a poco.

-Sí, el activo que durante el último año más beneficios internacionales ha dado.

-Ah. ¿Y cómo hacemos?

-Lo primero es conectarte, yo te ayudaré. Y luego depositar el capital, una vez depositado yo te pasaré con nuestro mejor asesor para que ya te puedas poner a invertir.

– ¿Y es seguro esto? ¿Cuánto es el mínimo?

-El mínimo son doscientos cincuenta. Pero si depositas quinientos te puedo dar una bonificación del treinta por ciento, ósea ciento cincuenta euros más que tendrás para invertir.

-Oh.

-Es muy seguro Alejandro. Al comienzo tu hazle caso a nuestro asesor, que es un experto en los mercados y de a poco irás ganando.

Jorge guardo silencio unos segundos.

-De acuerdo- dijo finalmente el nuevo cliente.

Entraron juntos a la página y realizó el depósito.

En la pantalla principal de la oficina salió la nueva venta. Benito Lorca 500 euros. Todos aplaudieron. Antonio vino corriendo y le palmeó la espalda.

-Ahora debes pedirle los documentos.

Así hicieron. Jorge ya se había desvirgado. Se sintió grande.

-Ahora a por otra. – animó Antonio.

Al final del día Jorge había realizado otra venta más, fue el mejor de los nuevos.

– ¿Cómo quieres llamarte campeón?

-León Rey.

Antonio sonrió.

-Así, será. Ahora vete, descansa y mañana a por más.

En tres semanas ya era el mejor vendedor de la oficina. Ganó un bono de trescientos euros para gastar en el corte inglés. Los jefes lo saludaban con ímpetu, aunque algunos compañeros le echaban alguna mirada de recelo ocasionalmente. Sin embargo, Jorge cada día se interesaba más en el grupo de asesores; según se decía ganaban bastante más y se los trataba de forma diferente, eran los “chicos malos” de la oficina, con mirada altiva y caminar chulesco.

-Oye Antonio. – dijo un día. – Me gustaría ser asesor. ¿hay que estudiar algo o como hago?

-Hombre, llevas poco tiempo. Ahí van solo los mejores.

-Dime ¿Cómo hago para ser asesor? Este es mi primer mes y ya he sido el mejor.

-Mira, si eres el mejor también este mes, hablaré con el jefe y lo hablamos. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

Jorge se convenció de que así sería. Ya le había cogido el truco y ahora solo le quedaba demostrarlo con números.

Durante ese mes aprovechó su tiempo libre en estudiar el tema de los gráficos y la información del mercado en general. Marcos lo invitaba cada noche a tomar unas copas de vino, pero el declinaba para poder estar lucido y poder estudiar, aunque sea una hora diaria. Aprendió como interpretar el calendario económico y algunos conceptos del tema técnico, aunque este último le costó un poco más.

Finalizado el mes, volvió a ser el mejor, con cuatro ventas más que el segundo mejor.

– ¡Hey Antonio! – llamó el primer día del mes siguiente- ¿Recuerdas lo que hablamos el mes pasado?

-Sí, es verdad. Voy a ver qué puedo hacer. Hazme alguna venta así lo tenemos más fácil.

Ese día realizó tres ventas. Al día siguiente lo reunieron Antonio y el gerente principal y le ofrecieron el puesto de asesor. Comenzaría de a poco, realizando aun ventas y asesorando a algunos pequeños clientes. Aprender el oficio y ver si era capaz era la prioridad.

-Felicitaciones- dijo Antonio al salir de la oficina.

– ¿Y ahora qué?

-Mañana comienzas. Te pondré con el mejor asesor para que puedas empaparte. A ver si funcionas…

-Seré el mejor. Ya lo verás.

Al día siguiente, antes de comenzar Antonio lo acompañó a hasta donde estaban situado el departamento de asesores.

-Te presento. Este es Albert, uno de nuestros mejores. Albert, enséñamelo un poco que es un tigre.

-De acuerdo- convino Albert tendiéndole la mano a Jorge.

La música en esta zona de la oficina se escuchaba más suave. Los otros cinco asesores no estaban llamando aun, miraban gráficos y el software Mt4.

-Mira. – señalo el asesor. – este cliente aquí ayer gano doce mil euros con el petróleo.

– ¿Lo ayudaste tú?

-No operó solo. Algunos operan solos y otros los guiamos nosotros. Lo importante es que operen. Nos pagan por el volumen de operaciones realizadas. Da un poco igual que ganen o que pierdan.

– ¿Y los que pierden?

-Se enojan claro. Pero en realidad nadie sabe muy bien si el euro subirá o bajará, puedes analizar un poco, pero es una lotería.

– ¿Ah sí? Pensaba que hay gente que realmente gana.

Albert sonrió.

– ¡Hey! Rubén. ¿A que tus clientes ganan todos? – exclamó buscando la mirada del otro.

– ¡Toditos! – aseguró.

-A Rubén le gusta todo el tema análisis le pega bastante pero también se le quiebran las cuentas.

Jorge frunció el ceño y aceptó con un leve movimiento de cabeza.

Albert llamó a un cliente.

-Hola Pepe. Que tal como estamos. Hoy solo tenemos el australiano dólar en compra. Ponle dos lotes. Un saludo.

– ¿Ya está? – se sorprendió Jorge.

-Si, a este ya lo tengo entrenado. Mira, en la primer llamada le sacas el perfil, a que se dedica, que busca, si es lanzado o no. Luego le vas abriendo operaciones y cuando haya una buena oportunidad de inversión mayor le invitas a trabajar con un capital más grande.

-De acuerdo. ¿Y los retiros? ¿Cuándo quieran?

-Sí, claro. Pero ten en cuenta que cuanto más retiren menos capital tendrán para abrir operaciones y nuestro beneficio justamente está en que las abran. Ya ves. Lo importante es que tú siempre lleves el control.

-Entiendo.

No era exactamente lo que esperaba Jorge, pero era aceptable. Es más fácil, pensó. Escuchó un par de llamadas más a Albert y fue a hablar con Antonio.

-Ya estoy listo. Ponme a llamar.

-Seguro.

-Si.

Le armaron un cubículo de trabajo y le asignaron unos cien clientes antiguos; algunos con poco capital y otros con cuenta a cero.

-Al principio te tocará picar piedra, demuéstrame que eres bueno y te iré poniendo clientes de calidad.

-Ok.

Los primeros días en su nuevo puesto fueron geniales. Jorge se sentía aprendiendo un oficio de por vida. Eso de ver como una cuenta de cincuenta mil euros llegaba a sesenta mil en unas semanas era realmente prometedor. Pensaba que si lograba entender el mercado de lleno y profesionalizarse en el futuro abriría su propia cuenta y viviría de su inversión; adiós a los jefes y los horarios.

En la oficina ya lo tenían en alta consideración, su sueldo había incrementado notablemente y cada día aprendía algo nuevo. Por otro lado, el negocio tenía un lado oscuro, muchos clientes perdían y uno no lograba nunca “desenchufarse” del todo porque el mercado nunca paraba, solo los fines de semana. Muchas veces llegaba a su casa y en vez de mirar Netflix o chatear con alguna chica se ponía a mirar las gráficas.

Así estuvo durante unos siete meses, trabajando a pleno y ganando salarios que jamás había ganado. Logró convertirse en el mejor, los clientes lo seguían “a muerte” y les tenía la confianza ganada; se ganó el mote de “el number one”.

Sin embargo, algunas actitudes de su empresa como los cambios de horarios repentinos y bajadas de comisiones sin razón aparente fueron mermando sus ganas. Según sus compañeros, este tipo de cosas eran estrategia de todas las empresas del sector, pero Jorge no las tragaba. ¿Por qué aguantar bajadas de sueldo cuando el daba todo y repercutía en grandes ganancias para la empresa? Pero a pesar de todo podía convivir con ello.

El detonante de su salida en forexmasters fue la conversación con uno de sus clientes favoritos.

Esa tarde Jorge lo llamó.

-Hola José María. ¿Qué tal cómo estamos?

-Ahí vamos Jorge.

-Te escucho triste. ¿Qué ha pasado?

-Es que llevamos ya un año y no paro de perder dinero.

-Hombre, es que muchas veces operas como un loco. Ya lo hemos hablado esto.

-Mira te diré la verdad. Los cincuenta mil que perdimos el mes pasado no eran de una herencia como te dije. Hipoteque mi piso. Ayer mi mujer se fue de casa y dice que me va a quitar a los niños.

El estómago de Jorge dio un vuelco.

-Tu siempre me das tus consejos, pero ambos sabemos que vuestro interés es que yo continúe invirtiendo de por vida. La vez que habíamos ganado y quería retirar una buena tajada para el coche de mi hija me convenciste para que opere con el bitcoin.

-Hombre, yo no te convencí. – se aventuró a decir Jorge. – Solo te comenté la situación del mercado, como hago con todos los clientes.

-Sí, no te echo las culpas. La culpa es mía- su voz se fue apagando hasta convertirse en un llanto.

Jorge no sabía que decir.

-José María. – decidió luego de unos segundos. – Hoy no hagamos nada. Tomate unos días y yo te llamo en una semanita y hablamos más tranquilo.

-Vale.

Al cortar, Jorge pidió a Antonio una pausa para salir afuera y fumar. Mientras fumaba, mirando los coches pasar, decidió que esto no quería para su vida, que había cosas que valían más que el dinero. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo seguir trabajando en este mercado tan rentable sin estas cuestiones morales? Terminó el tabaco y volvió a trabajar.

Por la noche, llegó a casa angustiado. Lo primero que hizo fue abrir una botella de whisky y ponerse a beber. No seguiría más trabajando para esa empresa, era un hecho. La confianza de los clientes ya la tenía por lo que al irse se levaría una buena cartera de clientes; además de esto, había adquirido el conocimiento suficiente como para poder enseñar las mejores estrategias de inversión. Una academia online, sí, eso era, donde el aprendizaje y la verdad irían por delante de todo. Si lograba entrenar e inducir a sus clientes hacia el éxito, daba igual ganar un poco menos, siempre y cuando pudiese vivir y ayudar a los demás. José María sería su primer discípulo.

Al día siguiente, a pesar de las negativas de sus jefes, renunció. Contactó con uno de sus mejores amigos que se dedicaba al marketing online y creo su página.

A día de hoy enseña a miles de personas, no todos ganan obviamente, pero saben los riesgos, las mejores estrategias, como controlar los aspectos psicológicos y demás. José María ha recuperado gran parte de su dinero perdido y su mujer está pensando en regresar con él. Jorge se sigue sintiendo el number one.

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